domingo, 4 de marzo de 2012

Contraste

Como el que ofrece un retrato en blanco y negro. Esa es la sensación que te da ayudar a resguardarse del frío a algo que cada día es más común en nuestra sociedad. Mejor dicho a nuestro conjunto. Porque para vivir en sociedad hace falta eso, seres de carácter social y no un sumatorio demasiado acostumbrado al egoísmo y la pasividad. Habrá llegado el momento de acomodarse al hedonismo para ser uno más... Me lo he preguntado tantas veces. Por qué me da la sensación de ser más raro cuanto más me acerco a lo que presumo lo normal. No trato de dar reproches, pues para el juicio es necesario una sentencia y para tener hijos hace falta la paternidad. Es solo una opinión, un comentario sin miras a más que compartir o soñar.

Una noche que se presentaba tranquila, tras bajar más las temperaturas por debajo de lo esperado y tras andar mientras se habla de temas importantes como los demás, los problemas y su posible solución. Te dispones andar tarareando, cantando levemente para no producir escándalo ni despertares. Solo dirigirte hacia tu propio hogar. Y te lo encuentras, alguien tiembla agazapado mientras tantos otros no culpables solo se preocupan de bailar. Te acercas y preguntas si necesita ayuda. Está asustada, pues esa señora atrapada en un problema relativamente reciente, está obligada a "disfrutar" de algo que jamás hubiese esperado encontrar. Está acampando en la calle, como otros tantos montañeros de campamento urbano e invernal. Seguro mostró una sonrisa un tanto fría y resignada cuando le llego la notificación de su billete premiado, su viaje aventurero, su escarcelación de viviendas llenas de bienes de primera necesidad. Sí, no te extrañes, de primera necesidad, solo los necesitas la primera vez, la vez que te preocupas en evolucionar al problema de la calle y su invisibilidad.

Invisibilidad e insensibilidad. Pues tratas de buscar ayuda en algo que no llega, la atención vecinal. Aunque es verdad que las horas no ayudan y la desocupación del entramado urbano es latente. Más tarde te acuerdas de ancianos que otra noche similar (noche de reflexión tras recibir atenciones inmaduras e inmerecidas y que te ayudan a involucionar) ayudaste a orientarse y acostar. Tienes suerte, están despiertos y te ceden con gusto algo caliente y una manta con la que abrigar. Es curioso, su demencia natural impuesta por la experiencia y la edad y no por costumbre y comodidad, no les permite reconocerte. Te tratan como un joven atento, amable y preocupado y se extrañan de ese ligero toque familiar que ellos seguro no decidieron olvidar. El tiempo desfiguró mi rostro en sus cristalinas miradas hasta desvanecerse en polvo, hasta dejar al agua evaporar.

Y vuelves a la vida. A reflexionar también tu posición, tus hipocresía y tu condición. Es otra de esas sensaciones que normalmente decides esconder o con egoísmo guardar. Unos días pasan y tras un tardío despertar decides premiar tu responsabilidad escolar, con una dispersión cine-fila a la compañía de miembros reseña-bles y agradable de constante aprender, disfrutar y evolucionar. Al apremio recibido por ese respetable circulo polar de cálida añoranza y emocionante estar.

Películas de algo más que palomitas (galletas, zumo y patatas fritas), salto por balcones de emisarios en inesperadas visitas. Cena hospitalaria y contacto entre tribus tan alejadas por un tabique, como por el poder de sus conjeturas. Curiosidad insatisfecha, de futboleros, amigos, compañeros e infiltrados disfraces de guionistas de cadenas de fácil reconocer y frecuente vista. Un encuentro pacífico y una anécdota más.

Amanecer temprano, esperar algún hermano hijo de esa madre que te permitió dormir, beber y mucho mas. No es la primera, ni la última, ni la que me de tanto disgusto que no querré recordar y por desgracia tendrás que acoger por tener una mente de complejo olvidar. Esa que espero no llegue, esa decepción que no quieres y a la que jamás te acostumbrarás. Pero a veces viene, aunque en este lugar no se asoma y eso  le hace especial. Sales te despides y te dispones andar. Ya estás satisfecho con la semana y con la salida. Quién pudiera querer extras, quién esperaría más. Después de no solo estos días, sino de un puente en compañía familiar de más lejano tener del que quisiera en realidad.

Desayuno entre callejas, invitado quedas por el anonimato del camarero al que solo ayudaste a descargar el pesado barril que casi llegó a resbalar. Agradeces, saludas y te marchas en parsimoniosa caminata hacia el paseo del arte. Triana, su puente, sus cañas, pesadores y dichos de carácter popular, los cuadros, las esculturas y las fotos. Mejor dicho la foto, que te hizo parar, monocromo al que Corrado, su autor, te presenta y te muestra para un posterior largo charlar. Parece otra vida interesante, otra viruta de un lápiz distinto y de distinto afilar. Intercambias impresiones, sonries y sugieres posteriores encuentros para evoluciones parciales. Más domingos, más rivales, más distintos arrabales con distintos precintos que saltarse y explorar.

Mundo en exceso sufrir, mundo en concreto genial. Tiempo al que agradecer, en orgullo tener e inesperado aguardar. Por que pusiste tu daga en mi pecho, tu dulces labios enfrentados ante los míos, con un pequeño trecho a recorrer para separar un generoso bien, de un mal corriente y vulgar. Distancia pequeña, insalvable, añorada y combatiente que en futuro temprano o tarde derrocaré en resultado agradable o locura de tratamiento interno, durante tiempo y más tiempo pasar. Yo no lo he decido, ni lo he interpuesto, ni lo cuido, me ha tocado sufrirlo y no es fácil situar. El deber de mi mismo, el placer de lo lindo. Algo tantas veces genial, como pocas veces distinto. Ser variopinto en diferencia improvisada y ganancia tantas veces no comprendida y frustrada. Pocas veces sentidas un verdadero congenio y de duración efímera, enrarecida  y liviana que es difícil de aseverar.

Lo entiendes, lo disfrutas, lo compartes. Ahora si, lo confieso, a este valiente cobarde que no supo si es él, o su entorno inviable, al que le toca pedir ayuda para respirar, para vivir, para poder decir esa verdad inconfesable. Ver el tiempo venir, sentir las horas pasar. En blanco y negro contraste, en desorden desbastador y vástago indebastable. Ahora sí, soy feliz, vacío y hueco esperando venir el relleno que el ganado con su paja y el rebaño con su heno usan para saciar su hambre voraz.

Polimorfismo arrogante, creyente y constante: Experiencias impresas en rotativo imparable. Diario de larga tirada y pequeña lectura comprensiva. Tejido de hilos enredados de orígenes dispares. Serenidad, sentimiento, sentido. Lo único que quiero, lo único que pido.

Habrás pues si esta carta entendido o al menos visto, una historia sin estructura pero de hilo apasionante. Nuevo mes, de nuevo comenzaste.

Fdo:Udánimo.

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