viernes, 16 de marzo de 2012

Atestados

Se acabo todo. Quién te puso de victima llevaba un antifaz de plomo reforzado. Apodado justiciero tenia ganas de jugar a ser bueno, equitativo y sincero. Pero nada de eso, cuando en un juego no hay reglas, el perder o ganar es lo de menos. Los hechos, las cotas alcanzadas, las vivencias y emociones empaquetadas en aquella caja roja de surtidas sensaciones, son las que tu mente capturo en el álbum del curso graduado.

Y ahora, ¿qué?, listillo recién titulado. Trabajar y no recordar o seguir formando, al ingenuo, hasta que, por un casual, se encuentre con el libro que trato su "tara", hasta deshacer el impropio bien desatado. Impasible, imposible, inhumano. Desatar el lazo, dejar su cinta volar y apretar la mano. Justo o no, tachar su retrato justo ahora que trató de usar sus ojos y no anteojos ajenos de cristal distorsionado. Injusto, tener que tratar de hacer lo que aquello que tantas veces te advirtió que todo el mundo se hace daño.

Joder, quien te hizo ver meretrices de bajos modales y rameras de altos estratos. Duras palabras no censurables y nada ciertas para describir el entornos hostiles, impracticables y ante todo influidos por un vaso que entre todos y gota a gota fue colmado.



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