lunes, 27 de febrero de 2012

De viaje al imposible. Todo comenzó


Curiosa la visión del extraño ser en aquel curioso planeta.

Todo parecía enorme y al contrario de los que muchos pueden pensar, el explorador extraplanetario no era de pequeño tamaño. Él se sentía grande, fuerte, ágil y sobre todo dispuesto a explorar aquel nuevo mundo que se le plantea ante sus ojos.

Empuñando su pluma y libreto, se dispuso a retratar la instantánea que sus ojos contemplaban. El aire parecía limpio, las aguas aunque turbias gozaban de un precioso color azul cobalto, pero lo que más le llamaba la atención era las estruendosas ramas en forma de rayos vestidas por un ligero follaje. Sensual estampa otoñal pero de cálido sentir de finales de primavera. Y es que solo los versos de Allan Poe podrían reflejar su tenebrosa belleza y su antitética figura.

Tras el retrato laborioso y definido de la imagen capturada, comenzó a ordenar sus sensaciones en una lista. Todos los indicadores anunciaban la ausencia de tóxicos en su alrededor. La temperatura óptima y estable y la única gravedad insalvable era la de no haber conocido con anterioridad aquel mundo desarrollado con aspecto virginal, noble y puro.

Sus pasos se hacían pesados, y sus piernas se quejaban sin ser escuchadas pues tampoco se dieron demasiados pasos. Eran sus ojos los que gobernaban la nave y en plena forma parecían abandonar la cansada carne erguida sobre su par de patas traseras. Querían ir más rápido, estaban intrigados por aquella tierra viva y lejos del ponzoñoso rastro de mono espabilado.

¿Sería solo aquella zona, albergaría rastros de enfermedad, tendrían sus habitantes la necesidad de alterar lo que entendían como suyo pero sabían comunitario? Muchas eran sus preguntas aun sin respuesta. Tenia esperanzas de su ausencia y soñaba con encontrar algo parecido a lo recogido en los libros sobre la vida salvaje en su planeta.

Que digo salvaje, prefiero de decir belleza. La bella vida que el animal salvaje la intentó domesticar a fuerza de terror, miedo y heridas. Sacudiéndose las migas de opinión personal, emprendió de nuevo a observar ese nuevo mundo. A saborear ese perfecto crimen a la tristeza misma.

Paso el tiempo rápidamente, ensimismado con las para nada rutinarias pruebas que su misión le ordenaba. Y al mirar el reloj y sus reservas concluyó con horror que disponía de muy poco tiempo parar recorrer las tierras ahora proscritas.

¿Qué hacer? Inevitable pregunta surgida. Partir ahora y transmitir las pruebas para un posible nunca volver. O arriesgarse a morir entre tierra de orígenes extraños. Exponer al peligro aquella posible perfección o arriesgarse a morir en la por ahora apacible estepa. Elegir la buena tal vez no sepa, o simplemente no se pueda. Cerrar los ojos, respirar muy hondo y lanzar la moneda.

Fdo: Udánimo

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